jueves, 29 de agosto de 2013

Susurros.

Odio. Rencor. 
 Dolor intenso. Prohibiciones. Juramentos.
No hay nada que decir. No hay nada que reprochar.

Puñales de acero, de punta impregnada en el veneno de la traición, que se clavan en la piel de los incautos, que atraviesan la coraza de los desprevenidos, que asesinan las esperanzas de los optimistas.
Puñales de palabras, de punta impregnada en el cinismo de la egolatría, que destruyen la fachada de los aparentemente insensibles, que hacen llorar a los mas fuertes, que aterrorizan a los cobardes.

Desesperación. Ira.
Cosas que pasan. Accidentes. Desprestigios.
Burdeles abiertos hasta altas horas de la noche.  

Copas de alcohol medio vacías, botellas de licor sin liquido ni juicio. Pañuelos ensangrentados que delatan golpes inesperados. Suspiros agonizantes en la oscuridad de la noche virgen. Susurros ahogados por almohadas en un arrebato de ira. Dolor, siempre dolor. Espinas clavadas en corazones sangrantes. Coronas de clavos colocadas en las cabezas de los que sufren. Vidas que agonizan. Muertes que se alzan.

Frustración. Impotencia.
Cosas que ocurren. Esquemas. Mentiras.
Tazas llenas de te que humean durante horas.

Almas que abandonan cuerpo vacíos de sentimientos. Sentimientos que huyen despavoridos frente a la presencia omnipresente del miedo. Lagrimas que arden en el infierno de una mente. Estupideces cometidas por amor. Suspiros nocturnos. Decisiones tomadas apresuradamente. Hechos que dictaminan verdades, ilusiones que matan realidades. Cuchillas de filo asesino. Gotas de sangre del color del oxido en verano.



Una rosa, quinta semilla de una vida.



Armas etereas.

- ¿Te has enamorado alguna vez?
- Claro, cientos de veces. Y sigo enamorada.
- ¿Del ultimo?
- De todos. Sigo enamorada de ese libro que lei en mi primer viaje al mundo de la literatura. Sigo enamorada de la melodia que embarga mis oidos cuando toco el violin. Sigo enamorada del viento, del agua, del fuego. Sigo enamorada de la muerte, y sigo cruelmente seducida por la vida.
- ¿Y de humanos? Con enamorado me refiero a amor humano, lujurioso, pasional. Amor de verdad.
- Siempre he temido al amor, y siempre me ha inspirado respeto.
- ¿Tu, temiendo a algo sin cuerpo ni armas? ¿Algo que nos hace ser felices?
- Claro que posee armas. Las mas crueles, pues ni siquiera te matan. Armas que se ceban de ti, pero que no te conceden el favor de arrebatarte la vida. Las mas afiladas, porque son odio en estado puro. Las palabras, los actos, las miradas. Esas son las armas del amor. Y del odio, de la alegría y de la tristeza. De todas las sensaciones. ¿Ser felices? El amor no nos hace felices. Queremos aparentar serlo, pero sabemos que no es así. Porque siempre acaba al inicio. ¿Sabes lo que es sentir que se te parte el alma? ¿Sentir como tu alma muere entre dolor y agonía, y como tu corazón grita de horror? Es miedo. Solo miedo. Miedo al rechazo, o miedo a ese dolor que te mata poco a poco, cebándose en ti, yendo a cazar recuerdos y mostrándotelos muertos. Alimentándose de tus sentimientos, de tus esperanzas, de ti. Es miedo al amor. Y teniendo miedo, no podemos ser felices. Aunque en realidad nunca lo seremos.
- Opino que el amor es inocente. No es cruel, en absoluto. Es maravilloso.
- Hablas como una adolescente.
- ¿Y que mas da?
- Estas equivocado. Y creo que para cuando lo descubras, será demasiado tarde. Para ti, y para el amor. El amor es cruel y mezquino.
- Yo no lo veo así.
- Querido, tu no lo ves, porque no miras.

Solo es miedo.
Miedo a volver, a sentir, a sufrir, a vivir, y a morir.

Una rosa, cuarta semilla de una vida.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Roja. Azul. Arcoiris de decisiones.

Todos nos hemos preguntado, antes o despues, cual seria nuestra eleccion frente a la famosa pregunta. ¿Roja, o azul? ¿Vision o ceguera? ¿Revelacion o conformismo? ¿El País de las Maravillas o el Foso de las Mentiras? ¿Realidad o... Matrix?
Todos nos lo hemos cuestionado, y pocos hemos sido sinceros en la respuesta, se encuentre esta siendo hecha publica o consumiéndose en nuestro interior como una carta de amor rechazada.

- Quiero plantearte algo.
Ella,sentada en su sillón, sus piernas encogidas sobre el asiento. En la mesilla, un libro, abandonado con las hojas hacia abajo, con las letras presas entre sus paginas y la madera. Su rostro vuelto hacia el, expectante, algo molesto, con la curiosidad bailando en sus pupilas liquidas.
- Adelante
- Se que hace poco viste Matrix
- ¿Si? - la desilusión se adueña de la función, la curiosidad muere y su fantasma es el tedio.
- Y , bueno, quería preguntarte cual seria tu elección. Respecto a las pastillas. ¿Roja, o azul? - dice el. Ella lo observa y se gira, sentándose de nuevo y liberando a las letras de su cautiverio, permitiendo que salten a sus ojos. El suspira, ha perdido la ocasión de conversar con ella. Vuelve a su mesa y sigue escribiendo en hojas de papel sucias de tinta. Se permite mirarla unos instantes, buscando la inspiración que siempre le transmite. Sus ojos se van, correteando sobre su piel, hasta el libro. El titulo es simple, y trae recuerdos dulces, entrañables. Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. Cierra los ojos unos segundos, y cuando los abre se encuentra frente a la mirada de su musa, que ha alzado sus ojos de agua del libro. De pronto, susurra, fascinandole.
- Siempre me ha fascinado el País de las Maravillas...

Una rosa, tercera semilla de una vida.

lunes, 26 de agosto de 2013

Susurros nocturnos, rosas marchitas.

En el regazo de la vida, una rosa con aroma a muerte brotó. 

En ella permanecían presos los sueños de miles de almas, rogando por la libertad, llorando por el dolor de su piel atravesada por las espinas de la emergente flor.
Una flor divina, de belleza inmortal, de pétalos blancos manchados de sangre. Una flor, simple, eterna, viva.
Su polen imprime en el aire el aroma de la muerte, dulce, saciante, adictivo. La rosa se ríe de sus victimas, de los incautos que la cogen entre sus manos, y se hieren con sus espinas.

Un dibujo a carboncillo que se define como real al ritmo de la melodía de un corazón que palpita.

Pétalos que caen, de seda tejida como ambrosía de la ilusión, huelen a susurros  nocturnos y saben a lujuria de deseo contenido. Espinas traiciones, que ocultan cual matriarcas sobreprotectoras, el misterio de su existencia, la esencia de su eternidad, pues a cada segundo renacen, y a cada minuto resurgen, como fénix dorados del mundo de las flores.

Y no muere, sino que vive, eternamente joven, la rosa. Vive sin temores, bella y delicada cual agua imperturbable de manantial de agua pura. Vive hasta el día en el que su orgullo se lastima.

Y, entonces, en un instante y de puntillas, para no ser oídos,  sus pétalos mueren en agonía de sueños martirizados, de deseos descuartizados, de ilusiones secuestradas. Sus hojas, lienzo de mil escritores arden en un arrebato de vergüenza por el color marrón, marchito, que las invade. Muerte. Esta muriendo.
Sus espinas son las únicas que quedan como testigo tras la muerte de su existencia. Solo permanecen ellas, orgullosas, imbatibles, moribundas. Solo ellas, que en vida protegieron al tesoro que guardaban, y ahora, mientras agonizan, lo recuerdan con anhelo, con deseo

Vida eterna para las rosas, que esconden lujuria entre sus pétalos.
Vida eterna para las rosas, que relatan historias de sexo y placer en sus hojas.
Vida eterna para las rosas, diosas de la belleza entre las flores. Vida y muerte para ellas.

No hay rosa única.
No hay belleza eterna.
No hay nada.
Solo sangre. Solo sexo.
Solo vida.

Y luego muerte.


Una rosa, segunda semilla de una vida.


Hm.

Solo soy una humana mas, con ideas, sueños y deseos varios, así como miedos.

Podría decirse, por darme un nombre o varios, que soy Jacqueline y soy Mathob, y ellas dos son yo. Mis dos facetas. No soy bipolar, no sufro esquizofrenia, solo soy yo. ¿Y quien soy yo? Eso, no lo sé.

Puede que este ligeramente loca. No lo descarto como opción.

El tedio me invade en dosis de ibuprofeno. La hipotenusa es igual al coito de dos catetos y los ángeles nacen de la desdicha. Bien cierto es que Hik tiene razón, hay que follarse a las mentes, las mentes son sensuales, adictivas. Follemonos a las mentes 

Una rosa, primera semilla de una vida.